Estamos en 1957... apenas tengo 18 meses...
mi padre es sastre y el taller estaba en casa, parece por las fotografías que soy una gran bolita con otra más pequeña adosada -a modo de cabeza- y tato -mi padre- tiene la costumbre de poner sobre la mesa de cortar (enorme por cierto y alta) un gran vaso lleno a rebosar de vino blanco amontillado (de Montilla -Córdoba) que suele durarle toda la mañana.
Cuando ando revolviendo por el taller y las chicas (hay más de 10 cosiendo) no pueden conmigo tato me sube a la mesa y yo toda tranquilidad y paciencia me entretengo devanando una bobina de hilo y volviendo a liarla... todo un panorama -por lo visto...
pero, una de esas mañanas descubro que tengo sed, comprendo que "eso" que tato se lleva a los labios me calmará la sed y ni corta ni perezosa gateo hasta la otra esquina de la mesa...
- Carmela, ¿no te parece a ti que la niña anda raro? -dice a mi madre una de las chicas del taller.
- Diego ¿tú has visto a la niña?... ¿no anda raro? -dice mamá a tato.
- Va dando tumbos ¿no?... ¡uy, la escalera! ...
- ¡Diego ésta niña no está bien! ... ¡por Dios a qué huele esta niña! ...
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¡¡¡Diego ¿y el vino?!!!
Sí, efectivamente, mi primera borrachera (y la más sonada, por cierto).
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En ese año, cuando tiene 17, Paul Anka escribe y suena en la radio una bellísima canción: Diana
(aunque en España en general y mi casa en particular lo que se oye es a los grandes del flamenco, como Pepe Marchena el favorito de tato, aquí un pequeño homenaje)
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Mariluz GH
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