15 de junio de 1977, van a celebrarse en España las primeras elecciones democráticas en 41 años... yo, desde hace 4 meses tengo 21 años, ¡soy mayor de edad y puedo votar!
Mi padre tenía que formar parte en una de las mesas, como representante del partido comunista, pero un viaje inesperado hizo que tuviera que delegar en otra persona... y el partido aceptó que fuese yo (sin ser militante y sabiendo que era católica practicante).
La situación en los pueblos pequeños no tiene comparación con las capitales, la tensión se palpaba en el ambiente... todo pueblo tiene un fanático y me tocó la papeleta. A media mañana se presentó el tipo y cuando me vio en la mesa se vino para mi como un toro al trapo rojo y dando voces, a cual más alta y grosera... en ese momento estaban -para votar- todos los "prohombres" del pueblo y gracias a uno de ellos -amigo de mi padre y padre de una compañera de colegio, tan de derechas como el otro-, que se puso en medio, la cosa no fue a mayores, porque me levantó de la silla sin hacer ningún esfuerzo y me iba a lanzar contra la pared... ¿te imaginas cómo hubiese terminado con mi metrocincuentaicinco y cuarentaiocho kilos de peso?...
No... al tipo tampoco le pasó nada. Y aún hoy, cuando nos cruzamos, vuelve la cabeza porque yo le miro directamente a los ojos, fijamente, hasta que llega a mi altura y me río. Sí, ya sé, soy muy muy borde.
Estamos en Zaragoza es 12 de octubre de 1979... se está celebrando la ofrenda floral a la preciosa Virgen del Pilar, frente a su Basílica la plaza está llena de personas con y sin flores... imposible moverte por iniciativa propia
... quiero acercarme y ver pero la marea humana me lleva y ¡claro, con mi 'metrocincuentaycinco' ni dando saltitos veo nada!
uuuuufffffff... conseguimos retroceder a ritmo de Triana y cantando "Abre la puerta niña"... miro al cielo y veo un balcón -a bastante altura- una familia siguiendo la ofrenda y nuestros cantos... me miran... les miro... les sonrío... me sonríen... saludo y... una voz metalizada -de portero "con solera"- me dice: ¿quieres subir y traerte a tus tres acompañantes?...
¡Por todos los confucios! ... nos han abierto las puertas de su casa, vemos la ofrenda en primerísima línea hasta el momento que debemos reunirnos con el resto del grupo... abrazos y agradecimientos...
tengo 23 años... un cachirulo -lleno de firmas- al cuello y mil razones para sonreír a la vida. ¡¡Hay gente locamente maravillosa!!
