Tengo 41 años, volvemos a 1997 y seguimos en El Cairo sin mi maleta. Ese contratiempo no impide que nos movamos por toda la ciudad y recorramos lugares mágicos, llenos de Historia y misterio. Hoy nos vamos a Saqqara a visitar la "Pirámide escalonada de Zoser", el monumento funerario más antiguo de Egipto y del mundo. Hace un calor húmedo y sofocante, motivo por el cual casi somos las cuatro únicas personas: el taxista, Mahitab (amiga de mi hermana), Ana Mª (mi hermana) y yo, que se plantan ante la gigantesca "escalera" de piedra, formada por seis altísimos peldaños.
-Ana Mª: Lupi que nosotras nos quedamos en el taxi charlando porque hace demasiada calor para Mahitab... anda, ve tu y entra en la pirámide que te gustará el recorrido.
No lo pienso dos veces y con mi chaleco repleto de pins me acerco al agujero que forma la entrada y con un cordial "salam aleikum" me recibe un hombrecillo completamente arrugado -si eso fuera posible diría que es de la misma época de la pirámide (allá por el 2600 a.C.)- y con unos ojos negros como la misma negrura que estaba a punto de tragarme, cuando empecé a bajar la pequeñita rampa que me llevaría al interior. Es imposible adaptarse a esa oscuridad cuando un segundo antes el sol ha estado arañando tus ojos sin piedad. Las manos se aferran a la rugosa piedra, fría como recién sacada de un frigorífico, y deseas tener los dedos provistos de ventosas para quedar sujeta si resbalas... el hombrecito va delante, murmurando una vertiginosa salmodia, y con unos pasos largos imposibles para su estatura. Estoy convencida de que le estoy privando de su siesta y me quiere castigar con esas zancadas... pero algo está pasando... mi respiración es cada vez más ruidosa y espesa... mis ojos empiezan a ver y lo que veo es que no veo... el sudor chorrea hasta las pestañas... ¿cómo se puede sudar de esa forma en apenas cinco minutos y con el frescor que hay ahí dentro?... las rodillas se me doblan y a cámara lenta me voy sentando en el primer escalón que inicia el segundo recodo... el olor es asqueroso, asfixiante y el polvo que flota a mi alrededor insano... no hay murciélagos, pero mi subconsciente vuela a 1972 y ¡tengo que salir de aquí inmediatamente!. Me levanto a cámara lenta y más lentamente aún inicio el leve ascenso hasta la salvación; la luz brillante del sol me recibe con menos piedad que antes de entrar en esa gruta agobiante, como queriendo avergonzarme por mi cobardía... me da igual, no puedo soportar la oscuridad ni los espacios cerrados herméticamente...
Enciendo un cigarrillo y recupero el color, la respiración y la dignidad conforme me voy acercando al taxi. Mi cara debió ser un "poema" cuando llegué hasta ellos.
-Ana Mª: dice Mahitab que eres muy valiente y que ella nunca pudo pasar del marco de entrada. Yo ni lo intenté la primera vez que vine, no te preocupes, hermana. Vamos a merendar y te tomas un gintonic para el mal rato.
Tengo 39 años así que estamos en 1995, y eso quiere decir que llevo dos años con el grupo de Confirmación. Después de algunos años he vuelto a las catequesis y me han asignado un grupo -de adolescentes- realmente encantador. Los chicos, además de guapos, son inteligentes, rara mezcla ¿verdad?... pues no te digo nada de las chicas.
Para cerrar el curso, he decidido que nos vamos de convivencia un fin de semana al campo. Concretamente al Fuerte de Nagüeles. Situado en el mismo pueblo, lo que ayuda a que los padres estén más tranquilos, pero también lo bastante apartado como para no tenerlos rondando por allí a ver qué hacen "sus hijos con sus hijas", y "mis niños" estén lo suficientemente relajados como para comportarse como son ellos en realidad...
Después de repartirnos las camas (chicos habitación chicos - chicas habitación chicas), de recorrer el interior y exterior para conocer dónde está cada sitio, de hacer un par de trabajos de grupo y -sobre todo- después de cenar, nos montamos una pequeña velada nocturna en uno de los torreones del fuerte. La idea es poner en común la experiencia de convivir y -música en vivo incluida- pasar un rato agradable y distendido.
Es casi media noche y tras los momentos serios y de canciones, Téllez tiene la feliz idea de que contemos historias de miedo. La poca luz ayuda a crear el ambiente adecuado. Nos sentamos en un pequeño círculo y casi en susurros vamos desgranando cuentos. No recuerdo si era yo quien estaba en uso del miedo -digo de la palabra- el caso es que, cuando más interesante estaba la cosa, cuando todos estábamos más relajados sin mirar a los lados apareció -de la nada- un perro corriendo a todo correr pasando a escasos centímetros de nosotros... nos pusimos de pie en un salto gritando y abrazados unos a otros, temblando de miedo y al mismo tiempo llorando de la risa...
Ahí acabó la velada, aunque no la noche porque, después de superado el susto, me llegó el alba, intentando que durmieran, descansaran la "sin hueso" y me dejaran recuperar fuerzas para el día siguiente... imposible de lograr ¿verdad? pues casi... saqué mis garras de loba y conseguí que se durmieran ¡¡pero a la hora que tenían que levantarse!!
Juventud, divino tesoro.
Este año Luis Miguel publicó un doble cd, llamado El concierto, que grabó en directo en 1994 y contiene esta canción que es una de las pocas que me gustan de él
