1978... tengo 22 años y una muleta. No puedo conducir porque no tengo carnet -y tardaré años en tenerlo- pero sí una amiga que lo tiene y un seat 127 rojo, de segunda mano.
Cuando gana el aburrimiento y el clima nos es propicio, sin pensarlo dos veces nos subimos al coche y...
- yo: ¿vamos a tomar café a Granada?
- amiga: ¡sí, venga vamos!
Granada está a poco más de tres horas pero el viaje se hace cortísimo, además el reloj no cuenta si eres consciente de estar haciendo una locura.
Cuando estamos a pocos kilómetros de Loja, paramos en 'Los Cordobeses' a tomar café y echar unos "duros" en la maquinita... clin clin clin clin ... ¡premio!... empezamos con buen pie, desayuno gratis y dinerillo para la gasofa.
Llegamos a Granada y dejamos el coche en un aparcamiento (todavía no eran parkings) de la Gran Vía de Colón. Y desde allí -caminando con muletas- hasta la bodega 'Natalio' o 'Muñoz' -según estén de gente- para bebernos una jarrita de vino 'pálido' y un bocata de atún con tomate (¡de muerte!).
¿Y el café?....¿no habías ido a tomar café? -te preguntarás-.
Después de haber recuperado fuerzas nos vamos al Café Alameda conocido como Gran Café Granada (hoy en día desaparecido como tal).
Cuando abres sus puertas te recibe un olor rancio de años característico y automáticamente sufres una regresión en el tiempo... al fondo -a la izquierda- en su mesa de siempre están los hermanos Rosales y Federico leyéndose mutuamente sus últimos versos, rodeados de "señoritos de ciudad" que, con reverencia algunos y desconfianza otros, siguen la tertulia sin participar en ella. Más a la derecha una escuálida figura desliza sus interminables dedos por las teclas del piano... Falla buscando continuar su "Atlántida" -inconclusa a su muerte, por cierto.
- camarero: Buenas tardes, señoritas, ¿van a tomar café?
... La magia se ha roto en mil pedazos...
Miro la cara del camarero y sonrío... su figura escuálida y de cara arrugada es el vivo retrato de D.Manuel de Falla
- yo: Sí, gracias. Para mi que sea solo, bien cargado y con hielo por favor, y después un gintonic de Larios (yo siempre Larios).
La sala está vacía, solo nuestra mesa tiene vida. El resto con sus tableros de mármol parecen añadidas a ese majestuoso espacio enmarcado por columnas.
Abrimos cada una un periódico y entre sorbo y sorbo las noticias van hablando de una España nueva que quiere olvidar rencores construyendo una Constitución que dé cabida a todos
Es la hora de irnos. Le decimos adiós al camarero 'Falla'. Una miradita más antes de abrir la puerta y -allá al fondo- Federico García Lorca y los hermanos Rosales nos saludan tocando el ala de sus sombreros con una sonrisa cómplice en sus caras.
"La vida breve" de Falla interpretada a piano
